Shortcomings

Adrian Tomine

[Mondadori]

Casi nada de lo que hace Adrian Tomine parece fruto de la casualidad. Más bien todo lo contrario, cada uno de sus trabajos es el producto de un meticuloso análisis que persigue la objetividad narrativa absoluta. La sensación del que lee uno de sus cómics es la misma del que mira, del que observa indiscretamente, del que escucha una conversación ajena. Tomine es de esos pocos autores privilegiados capaz de “mostrarnos” mas que de “contarnos” una historia.

No por nada, y volvemos al tema de las no casualidades, la publicación donde da salida a la mayoría de sus trabajos se llama Optic Nerve (Nervio Óptico). En Shortcomings su último trabajo -que apareció serializado en tres capítulos en dicha publicación y que se ha editado ahora en un solo volumen- Tomine lleva sus cualidades ópticas y narrativas a un terreno que roza la perfección convirtiendo a este cómic en un puntal del género.

Hasta ahora Tomine había demostrado con claridad en “Rubia de Verano” y “Sonámbulos” (dos volúmenes en los que se recogían la mayoría de sus historias) que era un excelente narrador del (a)típico adolescente americano torturado de clase media.

Quizá las fuertes críticas que recibía de sus lectores asiduos (que por cierto se pueden leer en Optic Nerve) en las que le achacaban el abuso de personajes ególatras, derrotistas y malrolleros han provocado un giro, un cambio hacia un tipo de historia menos cruda y enfermiza, mas centrada en los vericuetos emocionales de sus personajes, sin renunciar por ello a una cierta crudeza.

La trama en este caso es simple: el deterioro sentimental de una pareja de treintañeros, enfocado sobretodo en la caída libre que sufre el personaje masculino Ben Tanaka una vez que se produce la anunciada ruptura definitiva. Un viaje a través del patético descenso al terreno del desamor -escenario donde suele aflorar lo peor de cada casa- y al consiguiente trompazo que supone persuadirse del vacío que origina la pérdida.

Una historia común, que sin artificios argumentales y con un dibujo apabullante provoca muchas y muy distintas reflexiones, en definitiva una obra maestra.

Adrian Tomine en Drawn And Quarterly